07 julio 2010

PAFUERA

Pafuera

Con la aplicación iDrum (caja de ritmo virtual) queremos componer un ritmo que abarque un compás de metro 11/8.
(1) Creamos dos patrones: patrón 0 y patrón 1
(2) Para el patrón 0 ajustamos el metro del compás a 4/4, que es equivalente a 8/8. Para el patrón 1 ajustamos el metro del compás a 3/8. Sumando ambos metros obtenemos el metro 11/8.
(3) Para que se produzca la alternancia entre los dos patrones activamos el modo de canción (SONG MODE).
(4) Para la organización de los diversos patrones abrimos una ventana haciendo clic en e.
La forma general de la pieza completa, cuyo audio se muestra más abajo, es:
Introducción (3 compases de metro 4/4) + un ritmo cuya extensión es 16 compases de metro 11/8 + un remate (2 compases de metro 3/8 y 2 compases de metro 4/4).

Para saber más sobre el manejo de iDrum ver: iDrum Composición 1





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LA PROBABILIDAD



La probabilidad
Si lanzo una moneda al aire hay
una entre un millón de probabilidades
que al caer quede de canto.
Al aire lanzo la moneda, cae
y queda de canto. Alguien
me dice: milagro. Y yo
le digo a ese alguien:
milagro no, la probabilidad.
Donde el otro la religión pone
pongo yo la luminosa ciencia.


Vicente Umpiérrez Sánchez


24 junio 2010

SE CIERRA EL CÍRCULO





Se cierra el círculo
En su corazón hielo, su cuchillo
en el corazón mío.
Mañana mi hijo matará a su hijo.
Se cierra el círculo.
En su centro, prisioneros del rencor,
dos vengativos supervivientes,
para toda la vida, asesinos.


02 abril 2010

EL DESPRECIO




El desprecio
Sebastián es gitano. Es pobre. Nunca ha ido a la escuela. Su casa, una chabola en las afueras. La Sofía le ha dado dos churumbeles. Los cuatro, más el abuelo, sobreviven con lo que saca de malvender un hachís adulterado que le deja un compadre.
De vez en cuando baja a la ciudad; cada vez es más difícil dar de comer a los suyos. A su paso, las jovencitas se miran cómplices tapándose la nariz, y las madres agarran a sus hijos con temor. Los policías no le quitan ojo.
Se acerca a un taller de chatarra, por si tienen alguna tarea para él, pero le dicen que la cosa está muy floja, que se pase más adelante. Cuando se va, el jefe comenta con los empleados que a esta gente habría que echarla de la ciudad. En una pulcra parroquia de barrio, un orondo sacristán no tiene labores en el jardín que dar al infeliz. Sólo saca de un cajón un mísero paquete con ropa usada para los niños.
Así va de puerta en puerta, mendigando cualquier trabajo. Después de deambular durante horas, regresa humillado y abatido a la colina. Nada más que negativas se trae a la casa.
Los hijos de Sebastián serán gitanos. Serán pobres. Jamás irán a la escuela. Y vivirán en una chabola de las afueras.

Fernando Castro